«Detrás de las empresas hay personas» | Intervención en el programa InterCoruña de Radio Intereconomía

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Nos ponemos a temblar, porque se habla de un escenario, con otras causas, pero que pueden converger en algo muy parecido a lo que pasó en 2008; que parece que fue antes de ayer y que muchos todavía no se han recuperado.

Efectivamente. Una crisis que aún tenemos todos en mente de la que mucha gente aún se está recuperando o sufriendo las secuelas. Empezó en el año 2007 y afectó en 2008 y 2009; y que provocó una catástrofe generalizada entre las empresas y detrás de las empresas hay personas. Afectó a sus patrimonios y a su estabilidad particular.

Hay diferencias. No solamente entre las causas: la crisis de 2008 fue una crisis financiera y la actual es una pandemia que, además, tiene capacidad para afectar a todos los países; sino que frente a la anterior, en esta ocasión no hemos tenido tanto tiempo de “negación” de lo que se nos venía encima. Hemos tenido mayor anticipación. ¿Tenemos mejor capacidad de reacción en relación con lo mucho que se tardó en reaccionar allá por 2008?

Son bastante diferentes. Además de respecto a su origen, al momento en el que suceden, las lecciones aprendidas de la crisis anterior, esta crisis actual, pese a que la anterior fue generalizada, esta parece que aún puede extenderse más; países en vías de desarrollo que en aquel momento no fueron tan afectados, ahora es una crisis a escala global.

¿Si estamos preparados? En este caso sí se ha aprendido una lección de aquella crisis financiera. Los empresarios, hoy por hoy, son más conscientes de los problemas que puede desencadenar, conocen mejor los mecanismos que la legislación pone a su disposición; mecanismos que, además y a raíz de la propia crisis, han experimentado una evolución.

Una Ley que venía de 2003 y antes casi de principios de Siglo XX, imperfecta, muy rígida; se le fueron puliendo aquellos puntos que eran menos efectivos. Esa Ley Concursal funciona un poco mejor que entonces. También han salido mecanismos nuevos como la Ley de Segunda Oportunidad que en la anterior crisis financiera no existía. Estamos un poco mejor preparados.

La conciencia empresarial ha cambiado; sobre todo en el sentido de la previsión. Todo el mundo entiende ahora que la reacción ante una situación debe ser lo más temprana posible.

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«Contra la falta de confianza no hay remedio legal» Ángel Andújar en Columna Cero

Acepto una conversación con Cárlos Sánchez. Mucho tiempo hablando de muchas cosas, de muchos conceptos que él, con su buena pluma de periodista ha convertido en un artículo para Columna Cero.

Nada que objetar a lo que allí se dice. Efectivamente, la falta de confianza es un virus mucho más contagioso y terrible que el que ahora nos asola. La base de la economía es la confianza y es así desde el principio.

Las víctimas del SARS-COV2 quedan en el camino. Las víctimas del virus de la falta de confianza no pueden quedar. Todos tenemos en mente las víctimas de la anterior crisis financiera. Personas válidas, la mayoría, perfectamente capaces; que quedaron convertidas en «zombies financieros», fuera de la actividad económica y tachadas como «fracasados en los negocios» o «gente que no paga».

Esas víctimas de la falta de confianza de los trabajadores en sus empresas, de las empresas entre sí, de los bancos, de los políticos y de las políticas; ¿a quién se le ocurriría ahora tachar de «fracasado» al dueño de un bar que se ha visto obligado a cerrar? ¿No es más lógico pensar que cierra sus puertas para salvar nuestras vidas? ¿Quién le debe ahora a quién?

Y ahora, los que nos hemos salvado ¿qué estamos dispuestos a hacer para salvar su bar?

Las cifras son asombrosas: 100.000 millones de euros (el 10% del PIB de España), millones de parados más (sin contar con la gente que está en un ERTE), toda la economía comercial, sectores enteros, con la persiana bajada. ¿Cuántos la podrán volver a abrir? ¿Durante cuanto tiempo?

Todas esas son las dudas. Y muy pocas respuestas.

La única que se me ocurrió fue esa: 100.000 millones de euros en confianza. Esa es la inversión de futuro.

Sin embargo, la debacle se prevé inevitable. Pero los que queden en el camino en esta desgraciada situación nunca pueden ser vistos como fracasados y quedar condenados al subsidio. Hay herramientas para salvar la situación de manera más que digna y vamos a ponerlas todas a su disposición.

INSOLVENCIAS EMPRESARIALES POR LA CRISIS DEL CORONAVIRUS

Prácticamente alcanzado el umbral de fallecimientos y contagios por el COVID-19, comienza el tenso periodo en el que, querámoslo o no, no nos queda más remedio que reflexionar sobre el coste social y económico de este desgraciado incidente. 

Está claro que en el ámbito de las finanzas públicas el resultado directo de los costes extraordinarios de todo tipo acometidos para paliar sus efectos traerán como consecuencia el incremento del gasto público y por lo tanto del déficit e incrementarán de forma notable la deuda pública, explotada ya hasta el límite durante la última crisis económica.

En el ámbito privado, es de prever una intensa destrucción de tejido empresarial, especialmente de autónomos y PYMES en general con un efecto más que preocupante en las cifras del paro, ya que conviene recordar que son este tipo de empresas las que concentran el mayor volumen de empleo del país.

El efecto en las medianas y grandes empresas será mucho más limitado al contar con mayor músculo financiero para capear las consecuencias del desastre y conllevará poco más que un ajuste a la baja de la política de reparto de dividendos con escaso efecto en la dinámica de consumo nacional.

En las PYMES, por el contrario, la debacle puede ser importante, sobre todo en los sectores más expuestos a la crisis, es decir, aquellos que han soportado un cierre más prolongado, léase: hostelería, comercio, turismo, …, que por contar en general de recursos limitados se verán en muchos casos avocados a la insolvencia.

Paliar este temible desenlace debe ser una prioridad en la política económica nacional en el periodo post-crisis y las medidas financieras propuestas, consistentes en el otorgamiento de avales para la formalización de préstamos destinados a sufragar gastos corrientes van en dicha línea. De la intensidad y materialización práctica de estas líneas de ayudas dependerá el desenlace final de un panorama empresarial que a día de hoy no se vislumbra desde luego nada halagüeño.

Al margen de su mayor incidencia en sectores concretos, los efectos económicos de la pandemia afectarán en menor medida a aquellas empresas que disfruten de una situación financiera saneada. Sin embargo, debemos ser conscientes que en nuestro país, gran parte de las PYMES constituyen una forma de autoempleo como salida a un mercado laboral que ofrece pocas oportunidades, contando más del 95% de las mismas con menos de 10 empleados. Dentro de éstas, aquellas que sobreviven al día a día con más dificultades son las que pueden encontrar en el COVID-19 la puntilla que las avoque al cierre.

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«Los particulares y autónomos ignoran la ley que les ayuda a exonerar sus deudas» | Entrevista en La Opinión de A Coruña (10/11/2019)

La Ley de Segunda Oportunidad es un procedimiento que permite a particulares y autónomos volver a salir adelante. Una Ley de 2015 que nos pone al nivel de EEUU y Europa donde hay una larga tradición de este tipo de soluciones de perdón al deudor quebrado que haya actuado de buena fe.

Puede leer la entrevista completa en La Opinión de A Coruña haciendo click en el enlace.